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el ritmo que nos mueve

Pasatiempo de Mario Benedetti

Cuando éramos niños
los viejos tenían como treinta
un charco era un océano
la muerte lisa y llana
no existía

cuando muchachos
los viejos eran gente de cuarenta
un estanque era un océano
la muerte solamente
una palabra

ya cuando nos casamos
los ancianos estaban en cincuenta
un lago era un océano
la muerte era la muerte
de los otros

ahora veterano
ya le dimos alcance a la verdad
el océano es por fin el océano
pero la muerte empieza a ser
la nuestra

El puente

No estaba solo en el puente. De los dos, yo era el que miraba hacia abajo y no alcanzaba ver el suelo por el gran vacío y por la oscuridad que se posaba debajo de nosotros. Confieso que tenía miedo; estar ahí no era cosa fácil.

En mi lado izquierdo escuchaba una voz exaltada, imperativa y grosera; en el otro extremo la voz que oía era lo contrario. Quería irme de ese lugar, terminar con todo y salir corriendo. Entonces cubrí mi oído derecho y con el poder de mi mano izquierda lo arrojé.

Todo quedó resuelto con la Lola

*A Fernanda quien se fue al extranjero y vino para regalarme esta historia.

Curiosa cosa me paso, Paco, por querer andar como pájaro carpintero con la Lola. Vino de París la semana pasada, como te había dicho, y la invité a cenar y ella aceptó la invitación, casi con júbilo, Paco, porque antes de que dijese sí, suspiró y soltó un gritillo que quiso esconder colocando (seguramente) su mano en el teléfono, por donde habla, pero yo la escuché clarito. Sí, y como tu dices, pensé: el plato está servido, sólo es cuestión de salir esa noche, cenar, platicar, hacerla reír, darle un regalo, envolverlo para eso de la emoción, abrirle la puerta del restaurant y del coche, luego invitarla a dar la vuelta y como no queriendo la cosa, salir de la ciudad para ver las estrellas. Pero esa noche no pasó, Paco, pues fui por ella y no estaba lista; el restaurant del spaghetti estaba cerrado; el regalo que le llevé lo envolvieron con papel rosa, muy cursi; no quiso ir a la paella, a las hamburguesas, a las pizzas; y al final, después de cenar un par de ensaladas caras y chicas, ni le dije eso de ver las estrellas. Pero lo peor de todo, fue que toda la noche me platicó sobre Chuck, su novio francés.

No hice otra cosa más que escuchar, asentir y seguir escuchando. Me pedía a cada momento mi opinión y le decía lo primero que se me ocurría. Ella encantada por tener un amigo como yo, y yo, valiendo madre a su lado, mirando que sonreía, infeliz completamente. Esa noche llegué a las once a la casa, sí, a las once. Salimos del restaurant y fui directo a su casa fingiendo un dolor repentino de estómago. Entré a mi habitación y sólo pude decir en toda la noche: puta madre, puta su madre, putísima su mamasísima.

Después no volví a saber de ella. Me escondí, me alejé de todo posible contacto y dejé que dios tomará el lugar de amigo de Lola y le aconsejara lo que se le viniera en gana. Borré su número de celular, de su casa, sus correos, y estuve apunto de eliminar su contacto en el messenger pero lo dejé porque se me olvidó hacerlo. En verdad, se me olvidó borrarlo, y como entra poco pues ni la vi y ni me acordé.

Y cómo son las cosas, Paco, que precisamente vengo de su casa. Hace una hora aún estaba con ella, hace unos minutitos, de hecho. Me despedí y vine volando a tu casa para contarte, y ya me ves, aquí sonriendo al lado tuyo. Tanto así no, pero me fue bien. Ya ves que ella tenía novio, que cada día él le llamaba, que lo amaba con todo el corazón. Bueno, eso no te dije pero debiste de imaginarlo por como sonreía al hablar del puto francés. Ahora me llamó en la mañana; ella, no el puto, para decir que me quería ver con urgencia.

Comportándome como un hombre todo resentido y orgulloso, a regañadientes conmigo mismo fui a su casa. Y ahí me ves tocando a su puerta, eso sí, sólo una vez toqué como para que no escuchara, pero lo hizo y me abrió. En seguida me pasó a su habitación (lo que nunca, Paco) y me senté en su cama. Ella se fue a la silla frente a la computadora, así que estábamos cerca. No tardó en agradecer mi visita y de contarme que ahora por la mañana, antes de llamarme, su francesito le habló, y le contó que se había acostado con Marilyn, su antigua novia, por despecho, por que ella (Lola) había salido conmigo la semana pasada. Imagínate, por mi culpa (y eso que sólo hice acto de presencia) el puto blanco aquél tuvo relaciones con una francesita de dieciocho años, modelo, porque el mentado Chuck es fotógrafo y la había conocido en una sesión de fotos y con ese mismo pretexto sedujo a la Lola. Tú serías buena modelo, le dijo por la calle, o algo así, y ésta mexicanita que se le caen los calzoncitos (ya ves que es flaquita) y el otro encantado en subírselos. Según ella, amor a primera vista.

Bueno, voy al punto. Pues la Lola lloró y se puso a balbucear cosas sin sentido. Como dios se fue y me dejó el papel de ser en ese momento el amigo de Lola, la tuve que abrazar, decirle que no se preocupara, que el fotógrafo no la merecía, que los franceses siempre han sido poco para nosotros, que ya conocería a alguien mejor. Fue ahí cuando me miró, acarició mi cara y pregunto si le parecía sexy, que si parecía modelo. Le tuve que decir que sí, aunque sí lo parezca y yo quiera disimularlo (porque aún no la perdonaba, Paco, aunque estuviese triste). Entonces me dio un beso, me tiró a la cama y cuando estaba apunto de arrebatarle la blusa, me detuvo para decirme que le tomara unas fotos. Yo, picado, como pájaro carpintero casi apunto de colocar su pico en el árbol, le hice caso. Respiré, porque el jalón había estado fuerte. No es por presumir, Paco, en serio, estuvo fuerte.

De prisa va por el aparato, la arroja hacia donde estoy y entonces me adueño de la cámara. Le digo cómo tiene que moverse (como si fuera un profesional) y ella haciendo unos movimientos extraños, como de loca: estiraba un brazo, luego el otro, sacudía su cabellera, inclinaba su espalda, hasta que empezó a bajarse el pantalón de su pijama blanca. Yo tome y tome fotos y ella cerraba los ojos como creyendo estar frente a Chuck, en su estudio, a las afueras de París. La lente de la cámara se enfocaba en su bóxer blanco, diminuto, peligroso para cualquier hombre. Me acercaba a su cintura caminando alrededor de ella, le seguía diciendo cosas, y me detenía en un punto y tomaba dos, tres, cuatro, cinco imágenes continuas. Tomó su blusita celeste y poco a poco se fue deshaciendo de ella. Y yo, claro, tome y tome fotos y luego que se quita la blusa mientras que yo quería que terminara la sesión y empezara la acción (fuera rencores, al diablo el orgullo) Yo quería estar con ella, dentro de ella, en ese momento, a como diera lugar.

Para no hacer el cuento más largo, que se desnuda toda, y me dice: así, desnuda, como te gusta, tómame lo que queda del rollo. Lo tuve que hacer, Paco, ella ordenaba y yo obedecía acercándome, alejándome, pensando en lo que haría con sus piernas, con su ombligo, con sus tobillos que no dejaban de moverse y resbalaban por la cama, bajaban a la alfombra y subían por las paredes. Tomé las fotografías que faltaban con mayor rapidez, en cuestión de segundos, cada vez más cerca de su cuerpo. Cuando se acabaron, tiré la cámara y di un pequeño brinco hacia ella. Con su instinto en celo se apartó y salió del ring que había imaginado. Me fui tras de ella y me dijo que no, y yo que no qué, que no y ya, que no fuera estúpido, que quitara mis manos de encima. Miraba que se ponía la blusa y te juro que no entendía, Paco. Tomó la cámara, sacó el rollo, lo guardó y dijo para sí misma con un leve tono de voz que alcancé a escuchar: se lo enviaré a Chuck.

En ese instante salí de su habitación sin decirle nada. Pensé que esa mujer me había utilizado y engañado vilmente como sólo la mujer más ruin lo puede hacer. Y ella era la más ruin de todas. Me sentía como un pendejo, como un pésimo pájaro carpintero, como si... como si fuera un estúpido como ella dijo. Entonces cuando estoy en el pasillo, Paco, en verdad, lo que te diré es neta: ella me alcanza, me abraza, brinca hacia mi, me besa, se quita la blusa que se había puesto y ahí mismo, en el pasillo, lo hicimos.

Es neta, ¿no me crees, verdad? Pregúntale; bueno, no te va a decir que tuvimos relaciones; aunque mejor no le preguntes, en serio. No lo hagas porque después ya no volverá a hablarme y ni me volteará a ver cuando nos encontremos, ya sabes como son las mujeres de orgullosas. Uno hace algo y devolada se enojan, y no te dicen nada, simplemente borran tu número de teléfono, tiran todo lo que les has dado y ya, para ellas todo quedó resuelto, como si la vida fuera así de fácil, como si el bote de la basura fuera la solución de todos nuestros problemas.

La soledad del artista

*A Tristana (la chica del caracol azul), que se va a Veracruz. Y jamás supe si en verdad existió.


Vila-Matas, en su último artículo en Letras Libres, escribe:

No olvidemos que de "la mente humana en condición de aislamiento" (Bernhard) ha nacido, por ejemplo, el sujeto moderno. Montaigne aislado en su torre cercana a Burdeos. Y Descartes en su habitación caldeada de la ciudad alemana de Ulm. Sin embargo, como explica DeLillo, en culturas más antiguas el solitario fue una figura maligna, pues se creía que ponía en peligro el bienestar del grupo. Pero a ese solitario le conocemos hoy perfectamente, "lo conocemos porque nos lo encontramos en nuestro propio interior, y en los demás. Vive en contrapunto, figura apenas visible en la distancia. Es ése quien es, en su soledad perdurable".

Grandes genios que se atrincheran frente al mundo. Bernhard, al escribir sobre Gould, decía que compartía con él un deseo muy fuerte de blindarse. Se sentía, como Gould, un fanático nato de las barricadas. ¿Y qué decir de Monk? Se quedó inmóvil ante el piano en un club de Boston, "presionando las teclas, sin sonido, durante tantísimo tiempo que, al final, sus adláteres abandonaron el escenario. Estaba oyendo algo que ellos no oían".

Retirarse del mundo para encontrar al solitario de nuestro propio interior. Deseos en Kafka de ser como un indio, siempre a caballo, pero sin ver ya la cabeza del caballo, a galope desenfrenado para estar más solo en la hora de la cabalgada y de la creación en el vacío. Sótanos y submundos donde habitan los genios. Todos esos genios que terminan siendo muy esquivos y apartándose. Todos esos genios que cantan, filman, escriben para sí mismos y, al final de sus días, como Monk, duermen debajo del escenario en el que tocan todas las noches.

Y un día se van.

Tu conciencia

*A la pequeña Rubí, por ser tan grande.

Escuché un sonido y cerré el cuaderno. Me propuse investigar en el comedor. Busqué por debajo de la mesa, me cercioré de que la radio y la televisión estuvieran apagadas, y les hablé a mis hermanos para saber si estaba alguno de ellos. A esa hora asisten a la escuela.

Conforme caminaba, el sonido se hacía más claro en el lado de la cocina. No dudé en ir a explorar. Como la cocina es chica, en seguida me di cuenta que el sonido provenía del patio. Logré distinguir unas voces. Abrí la puerta, me detuve, miré cada objeto que mi vista podía alcanzar. No parecía que hubiera algo fuera de lo normal, sin embargo, la voz seguía ahí con una fluidez prolongada.

Salí hacia el patio y di una vuelta alrededor de la casa. Busqué entre los árboles y miré la calle, en la cual, sólo yo me encontraba. La voz se escuchaba con mayor claridad en el patio trasero, así que me devolví y busqué dentro del cuarto (al final del patio) donde guardamos las cosas que ya no utilizamos.

Al abrir la puerta el sonido fue entendible. Pude escuchar lo que aquella voz masculina decía, sin embargo, se podía entender poco de lo que hablaba por la rapidez en que lo hacía. Me percaté que las cosas que llenaban el cuarto del fondo habían desaparecido. El único objeto que miré fue algo que nunca había mirado, y de donde provenía el sonido de la voz. Quise tocarlo pero no me atreví. En una situación así, ningún hombre podría palparlo. Al verlo de cerca no me quedó ninguna duda. Sólo yo pude haberlo reconocido: era mi conciencia.

Salí de casa
abrí mi mano y en el viento
escribí un poema.

¿Quién se robó mi sueño?

Anoche no pude soñar. Lo hice hasta hoy en la mañana, cuando desperté.

Monterrey

Ante de salir de Hermosillo le prometí a un amigo que cada día escribiría algo en el blog acerca de lo que me ocurriría en Monterrey. No lo había hecho por falta de tiempo, además, la ciudad tiene un aire que hace que te enfoques en otras partes y no frente a la pantalla de una computadora.
Anoche escribí un pequeño cuento después de cinco días sin escribir nada. Había leído unos textos de la antología que ayer compré, después salí a la terraza para mirar los cerros que rodean la ciudad, y ahí mismo escribí. A los minutos regresé a la habitación y no tardé mucho en dormirme, tranquilo.
Por la tarde, del día de ayer, conocí la mejor librería de viejo en Monterrey. Después de una larga búsqueda encontré ocho libros que me interesaron. Tuve que hacer una valoración de cada ejemplar para saber cual de ellos me llevaba (era imposible que todos). Me decidí por cinco. Mi primo, que estaba esperándome en un extremo de la librería más dormido que despierto, se alegró de verme pagando: por fin, dijo con sus ojos soñolientos.
Después nos dirigimos al mercado a comprar unas frutas a la hermana del compañero de departamento. Se las llevamos, regresamos, y más noche fuimos a un billar. En la rocola puse cinco pesos y elegí dos canciones de Bob Marley. Mientras las escuchaba, esperaba la cerveza, la cual llegó cuando terminaron. Me hubiera gustado escucharlas con un cigarro y una cerveza, como una vez lo hice en Hermosillo.
Nos regresamos a casa, y cené. Leía algunas cosas de los libros que había adquirido y miraba la televisión. Al terminar la comida, tomé uno de ellos (la antología) y leí dos cuentos. Después me fui a la terraza.
Hasta ahora, en este momento que escribo, he recordado el motivo por el cual vine a Monterrey. Es cierto, y esto lo confirma: el aire de monterrey no tan sólo es pesado, caliente, sino seductor. Ahora mismo me salgo, me despido de los amigos del messeger, pago doce pesos, voy al Seven y compro el periódico.

un recorrido por los blog ´s

un recorrido por los blog ´s

Hace unos momento empecé el viaje de blog a blog que hago cada mes. En ocasiones me he topado con varias sorpresas, pero por lo general leo lo mismo en cada página que visito. Muchos espacios me desalientan fácilmente, y termino por decidir el enlace que parezca más atractivo y acceder y arriesgarme a que me vuelva a aburrir. He pasado noches enteras buscando un espacio atractivo sin tener buenos resultados.

En el viaje de ahora sucedió algo imprevisto: enloquecí. Leía una y otra vez cosas absurdas, así que llegó un momento donde no supe cómo había llegado hasta cierto blog. Quise regresar y no pude. Intenté buscar en el historial el origen que me llevó a ese espacio, mas no aparecía. No supe qué hacer. Quería salirme de ese blog que representaba cada uno de los blog que había leído esa noche. Desesperado, resolví acabar con todo: desconecté la computadora.

La habitación quedó a oscuras y en silencio. Empezó a escucharse el ventilador. Tenía aún el cable en mis manos cuando me di cuenta de lo que había hecho. Sabía que era la única manera de salir de esa telaraña, no tenía otra opción. Conecté de nuevo la máquina y accedí a internet.

Me fui hacia mi blog, miré los enlaces que conservo y estuve a punto de acceder a una dirección azarosamente, pero supe que si lo volvía hacer, terminaría enloquecido de nuevo. Me prometí no acceder a ningún blog a partir de esta noche, exceptuando el mío.

el anacronismo de Machado de Assís

el anacronismo de Machado de Assís

EL ANACRONISMO DE MACHADO DE ASSÍS

Es común que al hablar de los cuentistas de América se aborde desde el inicio de la charla a Cortázar, Arreola, Rulfo y Borges. Si se pide que se vaya un poco atrás, en nuestra conversación aparece Quiroga, Hemingway, Carver, Wells. Y si se vuelve a pedir otro retroceso, tomaremos a los modernistas: Lugones, Gutiérrez Nájera, Nervo. Un poco más tarde nos toparemos con Mark Twain y Edgar Allan Poe. En contadas ocasiones hablaremos del escritor brasileño Machado de Assís.

Joaquín María Machado de Assís empieza a escribir sus cuentos en 1865, antes de que aparecieran las que en su época (y mucho tiempo después) fueron consideradas las grandes obras de América: María de Issacs, Martín Fierro de Hernández, Pepita Jiménez de Valera, Clemencia de Altamirano. En materia de cuentos, empieza a publicar antes de que Gutiérrez Nájera divulgara sus Cuentos frágiles (1883) y el modernismo apareciera con Azul de Darío (1888).

Machado de Assís habla en sus cuentos, los cuales hablan por sí solos. Son narraciones que se encierran en una esfera donde ningún elemento sobrepasa la pared circular. Empieza, comúnmente, dando la información de la temporalidad de la historia y algún dato significativo. Presenta luego a los personajes y después sus acciones. Poco a poco va ligando la información primera a lo posterior de la narración: lo que sucede después del dato significativo que nos dio al inicio. Es así que llegamos al final, donde las últimas líneas son tan indispensables como las primeras.

Lo que resalta de este autor es el anacronismo de sus cuentos, los cuales guardan cierta similitud con algunos de Chéjov, e incluso tienen elementos de los textos de Allan Poe en cuanto a la forma de mantener la intriga, la tensión, el suspenso, hasta el final. Una de las ventajas que este escritor de Río tuvo en favor de su obra, fue el conocimiento del idioma inglés que lo llevó a conocer y traducir grandes obras a su idioma, así como su carrera diplomática que lo hizo viajar por España, Japón, Inglaterra y Argentina.

Es difícil considerar que los autores latinoamericanos ya nombrados hayan leído a Machado de Assís antes de escribir sus obras, especialmente los cuentistas. Este autor traspasa los límites de su país después de su muerte, en 1908. A partir de ese año, se puede decir que su obra no ha parado de difundirse. Aún así, su lugar como cuentista no se le ha otorgado, así como tampoco su posición en la literatura de nuestro continente. Según parece que el haber nacido en Brasil es suficiente para excluirlo del inventario de cuentistas de América.

Residuos de Omar Pimienta

Siempre es grata la sorpresa de encontrarte con buenos textos, sobre todo si es de un autor joven, y aún más si lo conoces personalmente cuando lo estás leyendo.

Residuos
Omar Pimienta

Tenía la certeza de que la amargura en la boca
al despertar y sentarme al borde de la cama
no era más que los residuos de lo que paulatinamente
muere uno por las noches.

Así como también estaba seguro de que las manchas
en la esclerótica de los ojos
era la úlcera causada por las imágenes al no bajar la vista.

Los callos en las manos:
ruinas de una fortificación donde camino a tientas.

Las arrugas del entrecejo:
pasillos de edificios donde y cuando, se debe llorar.

Tenía la certeza de que al mundo se viene a algo.

Hoy no tengo seguro nada.
Me pongo los zapatos y camino.



*Del poemario Primera persona: Ella

dos cuentos de Jesús Antonio Villa y una pequeña introducción personal

La primera vez que visité, en mi universidad, la Facultad de Letras, no encontré a Jesús Antonio Villa. Nuestro encuentro sería permitido tres años después, cuando leí un cuento suyo en la pared de la escuela. Ese día fui a la biblioteca, pregunté por sus libros, y pronto estaban en mis manos. Supe de inmediato, por varios amigos, que había muerto y que es una de los escritores más respetados de estos lugares. Tres cosas de las cuales no dudo.

Aquí dos cuentos de él:

NO TODO ES TODO

No todo es predisponer los instrumentos: debemos espantar las moscas y la modorra, encender una hoguera para que se disipe la neblina. No todo es toma papel y lápiz. No todo es retirar los platos sucios del desayuno. No todo es abrir la ventana para que entre mucha luz: debemos aprender las tablas del uno al dos, abrir mucho los ojos para entender palabras sueltas, agudizar el oído para mirar el tamaño de cada veta. No todo es llamar a Cristina para decirle que mejo nos vemos a las cuatro. No todo es todo, hay partecitas que se ocultan.

HACE VEINTE AÑOS

Hace veinte años y tres mil kilómetros, yo no podía imaginar la tarde de hoy, este cuarto de hotel, esta cama de latón, esta bugambilia que se asoma a la ventana, este cigarrillo que acabo de encender sin darme cuenta. Hace veinte años y tanto sufrimiento, yo no podía imaginar la barba descuidada de un hombre todavía joven, henchido de nostalgia por una tarde tan antigua. Hace veinte años y algunos amores de por medio, yo no podía adivinar la terca permanencia de tus suaves caderas en el alma de aquel niño, que entre las jiras de sombra de los chamizos trataba de esconder su regocijado espanto. Hace veinte años, Marisela, el mundo podía haber caminado de otro modo.

experiencia en las Horas de junio

Al asistir al X Encuentro Hispanoamericano de Escritores "Horas de junio", me di cuenta de tres cosas:

1) En verdad es un encuentro de escritores, pero, o al menos en este año, no es Hispanoamericano. Estaría más pegado a la realidad si se hablara de un encuentro nacional de escritores, pero también resultaría falso, ya que si somos rígidos, al mirar la lista de invitados nos daremos cuenta de que se trata de un encuentro de escritores del norte del país.

2)Entendí que la mayoría de las ocasiones me inclino más por las propuestas foráneos que por las locales, porque simplemente son diferentes a lo que se ve a diario en el estado. Y ahí es cuando da resultado el encuentro con la gente que viene de otros lugares: te nutre, te comparte, te estimula.

3)Me percaté de que pocos escritores saben leer. Los poetas leían de prisa sus poemas, sin pausas, yendo de un texto a otro sin dejar tiempo para digerirlos. Los cuentistas leían cosas pequeñas (estoy seguro que no eran la parte fuerte de su obra) utilizando el mismo tono de voz en un volúmen bajo. ¿Cómo olvidar los poemas de Jaime Sabines leídos por él mismo?, ¿los cuentos de Cortázar leídos por el mismo Julio? Entiendo que existe un límite de tiempo para cada participante, pero ahí, detrás de la mesa, frente al micrófono, sólo tu vas a leer tus propios textos, nadie más. Lo que pase en ese momento corre por tu cuenta.

la importancia de la ciencia

la importancia de la ciencia

En busca de Klingsor, de Jorge Volpi, es una novela que habla, entre otras cosas, del papel de la ciencia en una época que dejó huella en la historia: la segunda guerra mundial. Éste es el primer ejemplo que recuerdo al preguntarme por qué la ciencia no es un conocimiento común entre la población.

La finalidad de la ciencia es explicar los fenómenos naturales de una manera objetiva. Gracias a ella ahora sabemos por qué llueve, por qué sale el sol en las mañanas, por qué crece una planta y otro sinfin de dudas primitivas. Por tal motivo, la ciencia no se debe mantene sólo en los laboratorios, en las charlas entre investigadores y en las revistas especializadas. La ciencia debe ser un conocimiento popular y continuamente renovado. Cada principio que se exponga, cada teoría que se proponga, debe ser difundida más allá del pequeño sector al que suele informarse.

La ciencia y la tecnología transforma nuestras vidas. Para explicar esto, basta decir que no vivimos como vivían hace 50 años nuestros abuelos. Vivimos en una época donde los avances tecnológicos y los descubrimientos son parte de nuestros días. Y por tal motivo, la gente debe de conocer dichos avances y descubrimientos, no sólo como información cultural o científica que sirva de material para las charlas, sino para entender los fenómenos cotidianos, y sobre todo para conocernos como seres humanos que formamos parte de un universo.

Al hablar de física, nos imaginamos al viejo loco que viste una bata blanca, con los cabellos alborotados, encerrado en una gran cuenta que resuelve en un pizarrón. Pero ¿cuándo nos habremos de imaginar que muchas de esas cuentas son para explicar el origen del universo?, ¿cuándo pensamos que el azar, la coincidencia, es un principio de la física, la cual, puede ser la solución ante el cuestionamiento de dónde vinimos?

Debe de haber una reforma en la manera en que se enseña la ciencia en México. Y al mismo tiempo, que los científicos empiecen una campaña de divulgación acerca de los resultados de sus investigaciones, así como Julieta Fierro lo ha hecho: salir en programas de televisión, de radio, ofrecer conferencias, publicar libros: dejarse ver, promocionarse, hacer conocido su nombre. Pero desgraciadamente, la gran mayoría de los investigadores requieren becas para la realización de sus trabajos, haciendo que el papel del científico no se valore como tal (algo similar sucede con la literatura).

mi breve introducción a la ciencia

mi breve introducción a la ciencia

Después de ocho días consecutivos de publicar un texto diario en el blog, he pasado cinco días sin escribir. Aunque suene malo, no lo es. Curiosamente es la misma cantidad de días de haber visto un documental sobre los Agujeros Negros y de haberme interesado por el tema.

El sábado, gracias a una amiga que no fue a la cita, me volqué hacia Samborns para comprar un libro. El primero que tomé con la seguridad de hacerlo mío, fue un ensayo de Susan Sontag. Creí que nadie podía derrotar mi curiosidad por leerla, pero de pronto me topé con una compilación de ensayos de Stephen Hawking y con el provocativo título de Agujeros negros y pequeños universos. Si no tiré el libro de Sontag fue por respeto y porque aún tengo la curiosidad de leerla. Así que dejé su libro a un lado, tomé el de Hawking y me dirigí de prisa a la caja.

El libro ha resultado mejor de lo que esperaba. Habla no tan sólo de la física, en lo que se especializa el autor, sino que lleva su trabajo a una discusión acerca del mundo moderno, de la ciencia, del inicio de la vida, de la educación y del fin del mundo. Muestra contundente que la ciencia es cultura.

El autor, desde un principio, nos dice que uno de sus intereses más ambiciosos es hacer una teoría unificada, capaz de entender al diverso en general, y el único modo que encuentra para organizarla es uniendo la teoría de la relatividad y la mecánica cuántica.

“La teoría general de la relatividad es lo que se denomina una teoría clásica. Es decir, prescinde del hecho de que las partículas carecen de posiciones y velocidades exactamente definidas y se hallan dispersas por una pequeña región conforme al principio de indeterminación de la mecánica cuántica que no permite medir simultáneamente la posición y la velocidad”

“El principio de indeterminación de Heinsenberg demostró que no es posible medir exactamente al mismo tiempo la posición y la velocidad de una partícula; cuanto más precisa sea una medición, menos lo será la otra”

“Toda la cuestión de la mecánica cuántica estriba en que tiene una visión diferente de la realidad. En esta concepción, un objeto no posee simplemente una sola historia sino todas las historias posibles. En la mayoría de los casos, la probabilidad de poseer una determinada historia eliminará la probabilidad de tener una historia ligeramente diferente; pero en ciertos casos, las probabilidades de historias próximas se refuerzan entre sí“

Einstein no estaba de acuerdo con el Principio de indeterminación, ya que él buscaba una teoría totalizadora donde se pudiera explicar el universo tal cual es, y no en base de suposiciones. Es aquí cuando el mismo Hawking señala que el error de Albert (al no hallar dicha teoría), fue el no tomar en cuenta el Principio de Heinsenberg.

*La idea del presente texto es exponer los puntos de vista que Stephen Hawking publica en su libro Agujeros negros y pequeños universos. Más adelante abarcaré el tema sobre los agujeros negros y lo que propone Hawking para explicarnos el mecanismo del universo.

Esbozo de un personaje

Pequeña historia del personaje, narrado en primera persona: Soy un pésimo vendedor que siempre termina regalando las cosas con una sonrisa. Quiero venderlas, obtener una ganancia por ellas, recuperar algún margen de lo que gasté. Apenas digo que vendo algo, cuando me doy cuenta que nadie lo va a comprar, que es inútil ir de puerta en puerta o quedarme en algún sitio con mis productos. Creo que existen dos tipos de personas: los que venden y los que compran, y yo, siempre he estado en el mismo extremo.

Idea general del personaje, narrado por el autor: Es un hombre que le ha ido mal, que nunca se ha salido con la suya. Desea, tan sólo por una vez, obtener dinero por algo suyo, pero no se atreve a vender por temor a no poder hacerlo. Lo interesante es que este personaje no necesita dinero para sobevivir, ya que su vida está resuelta. Pero sigue intentando vender como una forma de justicia ante la vida: quiere recuperar lo que la gente le ha quitado.

*Acepto sugerencias.

mi vida entre sueños

mi vida entre sueños

Mi vida ha estado ligada a los sueños por una u otra razón. Desde chico, mi madre me contaba que cuando estaba embarazada de mí, me soñaba. Después, cuando ya no era más una fantasía, le quitaba el sueño por las noches. Desde los primeros años de edad me leía cuentos donde el sueño y la realidad se confundían, y me preguntaba al final: ¿qué crees que pasó?. Un mañana salí de casa y me sorprendí al ver que el primer hombre que cruzaba ante mí, no tenía brazos. La sorpresa fue porque la noche anterior había soñado con una persona similar. El primer libro que compré fue acerca de las interpretaciones de los sueños, y fue cuando salió al mercado la canción Anoche soñé contigo y se convirtió en mi favorita. Por aquellos años, una noche soñé una frase que después se convirtió en mi primer texto publicado: Tengo miedo de que una noche cualquiera me convierta en poema o poesía. Recuerdo que desperté, repetí la frase y la escribí en el cuaderno que descansaba a mi lado. Al año siguiente, ingresé a la facultad de Psicología porque me sentía ligado al Psicoanálisis. Desde entonces, en el lapso de cerrar los ojos y dormirme, imagino los finales de mis textos, enrredo más las historias e intento hablar con mis personajes. Así eran todas las noches, hasta ayer, cuando desperté en la madrugada con la última imagen que había soñado, y casi en seguida dije: memoria, huella infinita de lo vivido, paraje de nuestras acciones. Apenas lo mencioné, lo escribí. Aún es muy temprano para saber su significado.

el Ruli

el Ruli

Un día haré un cuento de este tipo.

cambio de piel

No soporto pasar seis meses con la misma piel. Constantemente cambio de lectura, de música y de amigos. Cada semana busco un camino diferente para llegar al trabajo. Me gusta mirar el sol a distintas horas. No pasa un mes sin que cambie de forma de caminar, de vestirme y de usar la ropa. Difícilmente me conocen los viejos amigos cuando nos encontramos por casualidad. Mis relaciones de pareja no duran más de dos meses. Cada vez que toco una misma canción, lo hago con notas diferentes. Cambio de religión y de ideas políticas cada año. Cuando camino hacia un rumbo cualquiera, cambio de dirección en cada esquina, poreso nunca he podido llegar a donde me he propuesto. Nunca he podido ser el que he querido. Nunca me he entendido. Siempre he sido el que cambia, aquel que nada repite: el mismo de siempre.

interrogante de un niño común

interrogante de un niño común

(No te espantes si tu hijo tiene la misma duda)